sábado, 10 de enero de 2009

Ellos

Algo increíble les sucedió a partir de esa noche, a ninguno de los dos le interesaba otra cosa que estar juntos. Dejaron todo lo que conocían de lado para escapar a otro lugar, y no me refiero a otro país sino a otro universo. Un universo en el que el cielo es la tierra y los arboles son casas, donde el agua es el fuego y el pasto, madera.

No les hizo falta demasiado a Nicanor ni a Sarah para conseguir lo que ansiaban, el nuevo lugar era todo lo que habían imaginado desde siempre. Recorrieron los campos cientos de veces, abrazados sin siquiera soltarse.. Parecían hermanos siameses pero no, lo que les sucedía era mucho más que eso. Tampoco era amor de pareja, se necesitaban más que el oxigeno uno al otro, nada más que tenerse entre ellos. Nicanor daba un paso a la derecha y Sarah a la izquierda, él la miraba y ella hablaba. Todo era perfecto en este mundo en el que no habitaba nadie más que ellos dos, no había guerras ni violencia pero faltaba algo. Hicieron todo lo que creyeron que podría llenar ese vacío; quemaron las hojas caídas de los árboles y bailaron sobre el fuego.. Nadaron en la profundidad de los lagos respirando agua y volaron atravesando las piedras. Nada de eso sirvió, Nicanor y Sarah comenzaron a sentir que ya no se necesitaban, ese sentimiento que los había impulsado a abandonarlo todo desaparecía en un mundo donde el tiempo no existía. Era como si el lazo que los unía se desgastaba hasta partirse al medio y hacer que por el impulso cayeran los dos de cara al piso, dándose el golpe de sus vidas.. y ahí fue cuando entendieron. Entendieron que había algo en la naturaleza del ser humano que siempre pedía más, -nada nunca alcanza- grito Sarah a los cuatro vientos desde la copa de un árbol que la abrazaba entre sus hojas.

Fue entonces cuando decidieron volver al mundo en el que la gente probablemente los recordaría, para avisarles sobre este descubrimiento. Se tomaron de las manos y dieron un salto bestial hacia el cielo, que en este mundo era la tierra y volvieron.. Cuando llegaron a sus antiguos hogares encontraron a sus conocidos reunidos, se peleaban entre ellos y los cuadros que Nicanor había pintado ya no estaban. Se decían cosas horribles sin pensar en lo que a los demás les podía producir y cuando hablaban en paz y tranquilidad no era más que de cosas materiales y sin importancia. Recorrieron las ciudades más visitadas por su belleza y sucedió lo mismo.. nadie valoraba nada, todos iban a apurados, siguiendo a algo llamado poder.

Desesperados, escribieron en un gran trozo de tela –Nada nunca alcanza, ni a vos ni a mi ni a él - y otra vez dieron ese salto, tomando la tela de un lado cada uno y sobrevolaron todo el planeta tierra, viendo las expresiones de la gente al leer lo que decía. Algunos se reían, otros puteaban y otros lloraban. Algunos pocos saltaban de la mano y planeaban detrás de ellos, sosteniendo el cartel con sus manos y acompañándolos en su intento de despertar a los seres humanos apurados y superficiales.. Así estuvieron unos meses, en este mundo donde el tiempo existe y se va de las manos, donde la gente no se toma más de un minuto para pensar en los demás y donde un papel con números y pequeños círculos de plata valen más que un abrazo. Muchos de los que en un principio habían volado con ellos fueron soltándose, recordando que tenían que ir a trabajar para poder mantener a sus familias y comprar nuevos autos que salían al mercado..

Y así fue como entendieron que tal vez estaban locos, que posiblemente el planeta tierra no estaba hecho para dos personas como ellos.. Decidieron volver al otro mundo sin quejarse y necesitándose de vuelta como había sucedido al principio. Hasta que un día no muy diferente a los demás, mientras se abrazaban bajo su árbol preferido ya no pudieron despegarse el uno del otro. De las manos les crecieron ramas y su piel fue convirtiéndose en corteza poco a poco, los dedos de los pies crecieron hasta aferrarse al piso como raíces y así, de un momento a otro pasaron a ser un árbol.. el más exótico de este nuevo mundo formando por el abrazo de dos personas que se complementaban a la perfección.-